Con respecto al primer grupo, estos son los más empleados por los publicistas en los medios de comunicación. Uno de los ejemplos más claros son los anuncios de champús y tintes. Aunque el objetivo de los principales beneficiarios sea vender su producto, la mayoría de las veces lo que proyectan en imágenes y lo que ocurre en la realidad no concuerda. Por ejemplo, con respecto a los tintes, el color que ves en el anuncio no se asemeja con el que percibe el consumidor.
Tampoco se quedan atrás los productos de belleza relacionado con cremas, sobre todo con cremas antiarrugas. Lo que tratan de vender es más bien es un producto que tiene el poder de "rejuvener" cuando no es del todo así.
En lo relativo a las comidas, el engaño reside esencialmente en las imágenes que se muestran con respecto al tamaño, o en que a veces aparece demás de lo que verdaderamente lleva esa receta. Con respecto a la diferencia de tamaños de lo que vemos y de lo que luego es en realidad, uno de los ejemplos más claros es la publicidad del McDonalds.
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En conclusión, no hay que dejarse engañar por lo que uno ve, porque los resultados que se muestran en publicidad nunca van a ser iguales a los propios y esa idea es necesaria tenerla bien presente en nuestra mente para no sufrir "desilusiones" o "decepciones", pues lo que se busca con la publicidad es únicamente vender el producto y por tanto atraer a los consumidores que lo compren sea como sea.







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